“Viejos” rótulos con arte y sabor

 

Una lástima, pero ya son pocos, muy poquitos, los viejos rótulos a mano que sobreviven en la actualidad, mientras el vinilo, ay, esa modernez adhesiva y fría, se ha impuesto como el no va más de la innovación. Las prodigiosas manos que en su momento los pintaron van lentamente desapareciendo, y con ellas se desvanece una faceta callada y silenciosa de nuestra profesión, y al tiempo fundamental para entender la historia del diseño de este país. Qué disfrute para la vista aquellas tipografías de pulso firme y trazo preciso, los colores vibrantes y luminosos que se deslizaban entre cuatro líneas de lápiz o tiza. Aquellos sabrosos rótulos de bar, con sus “bocadillos de calamares”, “pida la jarra de la casa”, o aquellos listados de tapas que desafiaban el paladar como si no se hubiese inventado el colesterol…

Hubo un tiempo en que todo, todo cuanto nos rodeaba en forma de rótulos, era pintado a mano, fuesen autobuses o furgonetas de reparto, fachadas de comercios o cines. Artesanía pura. Cada rotulista tenía su propia libreta de “tipos”, aquellas tipografías que conocía al dedillo y que había ido modificando a su gusto después de años y años de práctica. Tenían al tiempo sus pinceles favoritos, sus propias mezclas de colores, el pequeño bastoncillo o “muleta” donde apoyar firme la mano, las recetas para diluir la pintura, los pequeños trucos de la profesión…

Pero alegrémonos, aún quedan algunos valientes sucesores de este arte, como el londinense Peter Hardwicke, que llueve o truene sigue creando impresionantes trabajos por toda la capital británica. Desde Backspin os invitamos a descubrir y disfrutar su galería en Flickr, un verdadero catálogo de prodigios, o un curioso vídeo del mismo Peter en plena faena. Pincel de oreja de buey o de meloncillo?

Compárteme

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS
25
may 2012
PUBLICADO POR
PUBLICADO EN extrabold
COMENTARIOS Sin Comentarios